Hay gafas que pasan desapercibidas. Y luego está Selvaggio. Te las pones y la mirada cambia: más definida, un punto misteriosa, con ese toque que dice “sé quién soy” sin levantar la voz.
Se sienten ligeras, agradables, cómodas de verdad. No aprietan, no molestan; acompañan. Las líneas son limpias, los volúmenes están medidos y el brillo del bio-acetato tiene ese aire clásico que nunca falla, pero con gesto contemporáneo.
Detalles que enamoran
El juego de luz y sombra en la montura, la forma geométrica que estiliza, el acabado pulido que se nota al tacto. Lentes que quitan reflejos y te devuelven la nitidez para ver (y ser visto/a) con calma.
Cuándo usarla
En un café de media mañana, camino al museo, escapada a la costa o tarde de terraza. Con vaqueros y camisa blanca, con blazer y mocasines, con vestido de satén o camiseta y cuero. Tiene algo que lo eleva todo. Y sí, cuesta quitártelas.